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Secretos enterrados capítulo 40
Esteban fue a preparar el café, Paul también se levantó del sillón y lo siguió hasta la cocina.
-¿Quieres, que te eche una mano?
-¡Te lo agradezco, pero no es necesario!
El hombre preparó la cafetera en un santiamén, al disponer de café ya molido.
Mientras que este se hacía, sacó un pequeño mantel con dos servilletas "tipo tu y yo" y se dispuso a ponerlo en la mesa de centro.
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Las monedas de plata capítulo 45, Romeo y Julieta versión de Verónica
El padre de Julieta, dormía como un bebé aunque roncaba de manera muy llamativa, en aquellos tiempos nada se sabía de la apnea esa.
Julieta, a Romeo le abrió el portón, y lo esperó detrás de la puerta.
Al entrar, Julieta se llevó un dedo a los labios, diciendo con ello que entrase en silencio, no fuera a ser que su padre despertase.
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jueves, 22 de abril de 2010
EL LORO CUENTO
Francisco un día volviendo de su trabajo, a lo lejos creyó ver un pájaro muy grande, con muchos colores. Se acercó hasta allí. Y si, había un bello pájaro grande.
Se dijo que era un loro. Pero que hacía aquel bonito pájaro solo?
Miró para un lado de la calle, luego para el otro, para arriba, para abajo. ¡Allí solo estaba aquel pájaro! Así que decidió llevárselo para su casa, sus hijos se pondrían muy contentos.
Al entrar en casa, los pequeños estaban viendo los dibujos animados. Al ver entrar al padre, con semejante pájaro en la mano, fueron a ver al lindo pájaro.
Mirad chicos, le tendremos que poner un nombre.
El mas chiquitín, un niño de unos tres añitos dijo:
Pepe, yo quiero que se llame Pepe.
Bueno hijo,le llamaremos Pepe, dijo la madre.
El hermano, con gesto de disgusto, le dijo a su hermano.
¡Vaya nombre, para un pájaro!
A mi me gusta, yo quiero Pepe, verdad mamá?
Vale ponle como quieras, Pepe está bien, dijo el padre
Le pusieron de comer, el padre tenía una gran jaula y allí lo metió.
El pájaro pensó que allí no le gustaba estar, vaya vida, mira que ir a parar a una jaula, con lo feliz que el estaba suelto en la calle.
Al poco rato el loro, empezó a decir palabras no muy bien sonantes, Francisco que le escuchó fue donde estaba el loro, y le riñó.
Palabras feas no, eh Pepe?
El pájaro lo miró asustado. ¡Ahora vendrá y me pegará pensó!
Francisco en vez de hacer, lo que el pájaro pensaba, se lo llevó a una habitación y lo dejó allí encerrado. No sin antes decirle, que cada vez que hablara mal, ese sería su destino.
Muchas veces lo llevó a aquella habitación, así que Pepe ya cansado, pensó que lo mejor sería portarse bien, y olvidarse de aquellas palabras feas.
Nunca mas las volvió a pronunciar. Francisco lo sacó de la jaula, el loro estaba tan feliz, que empezó a ganarse su afecto.
Los niños jugaban con el loro, los acompañaba en sus lecciones, repetía todo lo que los niños leían y empezaron a tener mejores notas. Otras veces cantaban, el loro les acompañaba se lo pasaban en grande.
El dueño no apareció nunca, así que decidieron quedárselo para siempre
Todos felices, y Pepe mas.....
Tocó su final
FIN
Verónica
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8 comentarios:
Bonito relato.
Yo tenía una vecina que tenía un loro, se pasaba el día diciendo "mama,mama",¿por que será?, me imagino que era lo que escuchaba cada día y en todo momento.
Besos.
ERIKA:
Gracías amiga. El loro de tu vecina era mas educado que Pepe, seguro que esa palabra,la escuchaba mucho, y por eso la repetía.
Pero Pepe es un maleducado, aunque parece que el método de Francisco funcionó.
Buenas noches Erika
Un abrazooo
Que lindo y simpático el cuento del lorito. Me gustó. Tendrías que recopilar en un libro estos relatos par niños. Están muy buenos!!
Tengo yo una anécdota de un loro que algún día te contaré. Me has hecho acordarme del loro del doctor Juvenal del libro de Gracía Márquez "El amor en tiempos del cólera", madre mía, lo que me reí.
Bonito cuento.
Un abrazo, amiga.
BEATRIZ:
Muchas gracías Beatriz. Me hace muy feliz, esas palabras tan bonitas ¡jajaja! de momento los pongo en los blogs, para mi ya es una satisfacción muy grande, escribir cosas y me dejéis comentarios.
Y pienso, que lo que tenga que ser será.
Un abrazooo
MERCEDES:
Gracias amiga Mercedes. No he leído ese libro y te creo cuando dices que te reíste con el loro.
Hacen muchísima gracia, y me gustará que algún día me cuentes esa anécdota simpática.
Buenas noches Mercedes
Un abrazooo
Me pasa lo que a Mercedes, he recordado El amor en los tiempos del cólera, y al doctor juvenal y al loro. En fin.
También recuerdo que cuando era chaval, en una droguería que había cerca de mi casa, tenían un guacamayo de plumas rojas, increiblemente rojas, que estaba subido en su palo, sin decir nunca nada... Y no estaba en una jaula.
AMANDO CARABIAS MARÍA:
Pues tendré que leer el libro....
Y el guacamayo sería mudo, y como era bueno y no como Pepe, lo dejaban suelto. Ese estaba domesticado, ya has visto que a Pepe nos ha costado un poco, que no fuera malhablado. Vete a saber de donde se había escapado, el dichoso loro ¡jajaja!
Un abrazooo
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