ESTOS SON LOS PERSONAJES DE HASTA QUE TÚ TE VAYAS

A medida, de que vayan apareciendo nuevos personajes los iré agregando para que la novela sea mucho más fácil de leer.
José es el marido de Anita
Anita es la mujer de José
Amigo es el perro de ambos
María es una curandera querida por todos
Juan es el panadero, hombre muy afable
Don Federico es el patrón de José y marido de Doña Manolita
Doña Manolita es la mujer de Don Federico, está enferma de gravedad

lunes, 29 de diciembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 33

-¿Necesitas algo antes de que me vaya? -preguntó Anita todavía conmocionada por la confesión de doña Manolita, aquello nunca lo hubiese imaginado, con mal pie había empezado su primer día en la casa.

-No, gracias. Puedes irte, ya he abusado bastante por hoy.

-¡Hasta mañana, que descanses!

Doña Manolita no contestó pero la miró agradecida.

Anita salió de la casa entornando la puerta, en aquellos tiempos era habitual dejarla así, nadie se metía en casa ajena sin pedir permiso. IGUAL QUE AHORA, CUÁNTO HEMOS PERDIDO...
A lo lejos vio a don Federico, para nada quería cruzarse con él en aquellos momentos. Y se escondió detrás de la casa, desde allí vigilaría hasta que él se metiera y cerrase la puerta. Su corazón se le aceleró sobremanera cuándo el hombre antes de entrar pareció buscar algo. Se daba cuenta que él también la vio. Ahora se estaría preguntando por dónde se fue sin ser vista.
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 8 de diciembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 32

Anita todavía andaba por la casa. Lo tenía todo recogido e inclusive había dejado la cena preparada, que don Federico tan sólo debería calentar. Se recreó mirando la de cosas bonitas que tenía aquel hogar, pero no lo hizo con envidia, cada uno estaba dónde debía.
Antes de marchar fue hacia la habitación, doña Manolita tenía los ojos cerrados y pensó que dormía. 
-Anita -dijo. -No duermo, descansaba los ojos, no se porqué ello me alivia.

-Venía a despedirme, cómo me dijiste te avisara...

-Gracias, Anita, eres una gran mujer. ¡Siéntate por favor! quiero decirte algo.

Se sentó cerca de la cama. -¿tú dirás?

-Te voy a decir algo que probablemente te pueda molestar, pero cómo no me gusta tener doble cara te lo he de decir. Estos días no han sido demasiado benévolos conmigo, y cómo tengo un miedo horrible a morir me he entretenido diciendo disparates.

-¿Disparates? ¿de que tipo? -preguntó Anita interesada en saber.

-Le dije a mi marido que cuándo muriese volviese a casarse.

-Eres muy fuerte -dijo Anita compadeciéndola.

-No lo soy en absoluto, soy todo lo contrario. Le dije debía casarse contigo.

-¿Conmigo? -preguntó demasiado fuerte. -Ya sabes que estoy casada.

-Lo se, lo se, ya te he dicho que dije muchos disparates. Te pido no lo hables con tu marido, quizás no entendiera porqué lo hice. ¿Me perdonas?

-Claro que si -aunque no lo dijo convencida. Y aunque no disculpaba el comportamiento de don Federico lo entendía, lo que no le gustó es cómo un hombre al que respetaba y apreciaba de pronto no lo mereciera.
Autora Verónica O.M.

martes, 2 de diciembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 31

Una vez acabado su desayuno, Anita ayudó a doña Manolita a reposar su cabeza encima de la mullida almohada, la mujer tenía la necesidad de descansar, su tos apenas se hizo notar, quizás la presencia de la joven mujer la distraía. 
Ni por asomo pensaba que su marido había hecho aquel cambio tan radical, si se lo llegan a decir o asegurar no lo hubiese creído. Sabía, eso si, que las conversaciones que había tenido con él no habían sido demasiado normales. Esperaba que no tuviese aquello en cuenta, ya que todo era producto de ese miedo que tenía a esa muerte que la esperaba a la vuelta de la esquina. Aquellas locuras suyas la distraían del sufrimiento que ello le producía, y tenía plena confianza en el hombre con quien se casó de ello hacía muchos años.

-¿Necesitas algo más? -preguntó Anita, al hacer la pregunta el tuteo le era un poco menos difícil de usar.

-Nada más Anita, gracias.

-Voy a recoger la cocina, si me necesitas llámame. 

-Está bien. Voy a intentar descansar, lo que si te pediría es que antes de irte y aunque esté durmiendo ven y dime adiós.

-Lo haré, no te preocupes. Además tengo para un buen rato.

Fue hacia la ventana y corrió la tupida cortina, para que la habitación quedase en semipenumbra para que nada perturbase su sueño.

Y salió con la bandeja del desayuno, que depositó en el mármol de la cocina, la cual recogería inmediatamente.
Y pensaba limpiar un poco todo, a fuerza de días pensaba dejarlo todo cómo una patena.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 21 de noviembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 30

Don Federico salió de la cocina con una sonrisa en sus labios, sus ojos brillaban de pura malicia. Aquello empezaba a gustarle. Y aún sin querer pensó en lo que diría su madre si viviese. -¡Federico, hijo, no te reconozco.! -Y cómo aquello no le gustaba quiso despistar sus pensamientos y empezó  a silbar. Sus pasos los llevó a sus tierras, en dónde José trabajaba cómo un mulo desde hacía horas.

Lo vio llegar, pero siguió con lo que estaba haciendo, hasta que su patrón se posicionó delante de él.

-Buenos días, José.

-Buenos días, don Federico.

-Me pongo mi ropa de faena y te ayudo.

-Bien. -Dijo el hombre, sin demasiadas ganas, agachó la cabeza y siguió a la suyo. 

Mientras en la casa, Anita le servía el desayuno a doña Manolita. Le puso una servilleta grande, cubriéndole el embozo de la sábana para que no se manchase.
-Puedo dártelo yo. -Dijo Anita con un hilo de voz. Le daba vergüenza tratarla de tú, pero...

-Gracias, Anita, te lo agradezco.

La mujer la ayudó con una paciencia infinita, en realidad le daba pena, una mujer todavía joven y en aquellas condiciones. Y pensó que ella, aún siendo humilde tenía mucho más.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 14 de noviembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 29

-¿Ha desayunado, doña Manolita? 

-Llámame solamente por mi nombre de pila, no utilizes el doña, no es necesario Anita, Y contestando a tu pregunta te diré que no he desayunado.

-¿Si me dice dónde está la cocina?

-Por ahí andará mi marido, él te dirá dónde está todo. -Federico, Federico, ven por favor. -Ella misma lo llamó. A los pocos segundos, el hombre hizo acto de presencia en la habitación.

Anita pensó que había llegado muy rápido a la llamada de su mujer. Y se preguntó que dónde estaría momentos antes, ella ni lo había visto ni lo había escuchado andar por la casa. Y un escalofrío le recorrió la columna vertebral, no sabía el porqué pero aquello empezaba a no gustarla.

--¿Qué quieres esposa mía? -preguntó demasiado empalagoso.

-Querido, enséñale a Anita dónde está la cocina, y le dices dónde está todo lo que pueda necesitar.

-Está bien, ahora mismo. Vamos Anita. -Salieron dejando la puerta abierta.

Don Federico la llevó a la cocina. Aquella no es que estuviese sucia, pero seguro había tenido tiempos más esplendorosos. Así había sido, pero lo fue antes de caer enferma su dueña.

El hombre le fue enseñando y explicando, y en cuánto podía se rozaba con ella, para más inri aquel roce y con el codo... En uno de sus pechos. -Anita se sintió avergonzada, pero nada dijo. Intuía que no iba a ser fácil trabajar a su servicio, y tampoco podría decirle a su marido nada, ya que dependían del salario de él. Y se maldijo por haberse brindado, por haber aceptado aquel trabajo, y estaba segura que muchos quebraderos de cabeza le iba a traer.
Autora Verónica O.M.
Continuará

Un capítulo por semana, al tener más blogs me es completamente imposible publicar más a menudo, gracias por vuestras visitas y comentarios.
Buen finde a tod@s

domingo, 9 de noviembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 28

Doña Manolita, contestó rápidamente a la pregunta de la joven mujer. -¡Haz lo que tu pienses debes hacer! Te lo dejo a tu criterio.

Anita no esperaba aquello, ahora se sentía fuera de lugar, y aquella confianza depositada en ella la aturdía sobremanera.

En el cuarto trastero, don Federico escuchaba muy atentamente. Sus ojillos brillaban en demasía y proyectaban un contento malicioso. Ni él se reconocía, no entendía cómo en pocos días había hecho un cambio tan radical, Antes vivía en exclusiva para su mujer, sus pensamientos ahora volaban libremente y en ellos siempre estaba ella, la mujer que en aquellos momentos estaba en su casa y hablando con la que era todavía su mujer, pero sería por poco tiempo. Se sentía impaciente, por esa espera que antes temía y ahora casi le alegraba llegase.
Lo que no le cuadraba demasiado, era la actitud de Manolita que sabiendo no iba a durar apenas se lo había tomado mejor que él. ¿Pero para que romperse la cabeza pensando? Pronto sería viudo y libre, y pensaba vivir lo que antes no hizo, por culpa de ese contratiempo que le trajo la vida. Se resarciría después de...
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 5 de noviembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 27

Anita se despidió del perro con estas palabras. -Si quieres esperarme, hazlo, si no tira para la casa que al lado del lavadero dejé tu comida.

Amigo pareció comprender, pero esperó a que su amita entrase en aquella casa, que al parecer era bastante grande. No cómo en la que ellos tres vivían.

A pesar de estar la puerta entreabierta llamó antes de entrar. Pensaba que las personas humildes cómo lo era ella, si algo querían poseer nunca sería material y si un saber estar o educación. Desde niña creció con aquellas ideas, inculcadas por su madre y la madre de ella, su abuela.

-Doña Manolita, ¿puedo entrar? -llamó en tono algo más alto del habitual. Pensó que quizás estuviese dormida. Pero se equivocaba...

-Anita, pasa.

Antes de hacerlo, se limpió los pies en una alfombra que estaba en la misma entrada.
Se dirigió hacia la habitación, dónde sabía encontraría a la mujer.

-Buenos días, doña Manolita, ¿está mejor?

-Buen día, Anita. Ya ves cómo estoy, más muerta que viva.

-No diga esas cosas. 

-Al pan, pan, y al vino, vino, ¿para que engañarnos?

Don Federico escuchaba desde el primer piso, al tener la puerta abierta de la habitación se enteraba de todo lo que hablaban. Sin ser visto ni oído, bajó la escalera y se escondió en el cuarto trastero que estaba ubicado en el hueco que quedaba debajo de ella. Escuchó a Anita preguntar a su mujer.

-¿Usted dirá lo que debo hacer?
Autora Verónica O.M.
Continuará

LA MISMA NIÑA

Preciosa imagen de internet

A pesar de ser mayor
jamás perdí esa ilusión
que me da vida.
Y en esencia soy
igual que fui en la niñez
cuándo pensaba
que los años
 pasar costaban.
¡Que inocente!
ellos volando pasan
me doy cuenta hoy
aunque no me importa.
He madurado, si
pero en ilusión
yo sigo siendo
la misma niña...

Verónica O.M.

Si nada pasa mañana volverá Hasta que tú te vayas, he estado muy liada...

lunes, 27 de octubre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 26

Anita iba acompañada de Amigo, su perro. Se pararon en las tierras de don Federico, su marido andaba por allí tirando de un carretón lleno de trastos ya inservibles. El hombre no se había dado cuenta de que habían llegado.

-José, José. -Llamó ella.

Al escucharla, aparcó el carretón y fue a su encuentro.

Cogió la bolsa con la comida que ella le entregó y dialogaron pocos segundos. -Que te vaya bien el día. -Dijo con cara seria. Lo que pensaba se lo guardó para él. No quiso ponerse mala sangre por algo que ya no tenía remedio. Y cuánto antes lo aceptase sería mucho mejor para los dos.

-Hasta la noche, José.

-Hasta después, mujer. Y tú, amigo, cuidado dónde te metes, que después vienes hecho un asqueroso.

El perro pareció entender y agachó las orejas.

Se quedó un rato allí parado viéndoles marchar. 

La mujer no volvió la cabeza y ni cuenta se dio de ello.
Al poco rato ya habían llegado a la casa, la puerta estaba entornada.

Había alguien en el piso de arriba que los había visto llegar, no era otro que don Federico. Al parecer había subido al piso para fisgar desde allí. 
Aquella mañana todavía no había hecho acto de presencia por sus tierras, no quiso perderse la llegada de Anita. Y debido, a las conversaciones que había mantenido con su mujer, miraba a Anita cómo a una posible presa. Manolita había sido la culpable metiéndole esas ideas escabrosas.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 21 de octubre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 25

Cuándo Anita se acostó, José ya dormía. Fue a acomodarse en el catre y él empezó a roncar. Así no habría forma de conciliar el sueño, así que, con la punta de los dedos lo tocó ligeramente. El hombre al percibirlo cambió de posición, y así ya se quedó toda la noche.
A pesar de ello y con los nervios, Anita apenas pudo dormir, pero si descansar. Pensó que en dónde se había metido, ella sola, al haberse brindado por si la necesitaban para ayudar en lo que pudiese a aquella mujer enferma. Ahora ya no estaba tan segura de haberlo hecho bien.
Pero ya no había vuelta atrás, no le quedaba otra que cumplir lo mejor posible. Era una mujer perfeccionista y seguro se dejaría la piel en ello si fuese menester.

Ya de madrugada se quedó dormida, tres horas escasas. José se levantó temprano cómo hacía a diario, se acordó que su mujer debería levantarse también, así que la llamó de no muy buena gana. El enfado con él mismo todavía no se le había del todo pasado.
-Anita, Anita despierta.

-¿Qué hora es? -preguntó ella soñolienta.

-Temprano. Pero dijiste que te ibas a levantar cuándo yo. Si quieres quédate un rato más. Cuándo regrese del trabajo ya te ayudaré.

-No, ahora mismo me levanto. 

Al rato José ya estaba preparado para salir. Un beso ligero en los labios fue su despedida.

-Antes de ir a lo de doña Manolita, te llevaré la comida.

-Bien, mujer.

La mujer fregó los cacharros, que la habían estado esperando desde la noche anterior, bien remojaditos. Estiró la ropa del catre, y pegó un barrido ligero a la pequeña casa. Después preparó la comida, para más inri, unas migas de harina con su tocino veteado y cortado muy pequeño.

Al rato salía vestida humilde pero pulcramente. Y llamó a Amigo.

El perro salió tras ellas moviendo la cola. Al parecer su amita y él irían a algún lugar. Para él era todo un acontecimiento, para ella no estaba tan claro.
Autora Verónica O.M.
Continuará
Deseo os guste, que paséis un feliz día...

lunes, 20 de octubre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 24

Anita aún se quedó unos minutos levantada, pensó que al día siguiente el ir a casa de doña Manolita la sacaría de su rutina diaria. Era un aliciente nuevo para ella, pero no por ello dejaba de temerle. Su marido se lo tomaba a la tremenda, era cómo si doblemente se sintiese doblegado. El trabajaba al servicio de don Federico desde hacía ya unos cuántos años, y aunque lo apreciaba, tenía muy claro quien era cada cual. Su patrón era quien pagaba su salario, y él quien realizaba las tareas más duras. Por ello se sentía inferior.

Pero yo que soy quien escribe la historia, lo veo de forma digamos neutral.
Para mi don Federico era un don nadie, con la suerte de poder tener a un trabajador a su servicio, por un sueldo bastante bajo, al igual que muchos en aquellos tiempos. Al parecer se ha puesto de moda nuevamente, trabajo duro, y bajo sueldo.

Bueno... Que me salgo de la historia, y a lo que vamos. 
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 8 de octubre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 23

El matrimonio se dio un beso en los labios muy suavemente. 

-¿Has ido a ver a doña Manolita?

-Si, he ido. Mañana por la mañana iré a cuidarla. Ya se que no te gusta, pero...

-Ya se, mujer. Los pobres no podemos decir que no, eso todos lo sabemos. Nuestro sino es ese. ¡Joder!

-Mientras te aseas pondré la cena. Anda, hombre, que no es para tanto.

José fue a adecentarse. No quería enfadarse, ya que Anita no tenía ninguna culpa. Amigo salió tras él.

-¿Y tú que miras? Perdona, amigo. Este no es mi mejor día.

El perro pareció comprender. Su amo no venía muy alegre que digamos, así que desandó los pasos dados y fue en busca de su amita. La mujer le dijo. -Hoy no le molestes, mañana seguro la mala leche se le habrá pasado.

Al rato ya estaban cenando...

-¿A que hora irás?

-Allá las nueve. Me levantaré cuándo tú, y dejaré la casa recogida.

-¿Vienes a la cama? -Preguntó él.

-Cuando recoja la mesa.

-Estoy rendido, allá te espero.

Anita metió todo en el fregadero, vertió agua para que no se pegasen los restos.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 24 de septiembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 22

Doña Manolita empezó a hablar, su marido no trató de interrumpirla. -¿Te preguntarás porqué me gusta Anita para ti? Te lo voy a decir de inmediato.

El hombre pensaba que su mujer ya deliraba, nunca imaginó que ella le saliera por ahí. Interiormente la disculpaba por loca que le pareciese que estaba. Pensó en su sufrimiento, en su miedo ante aquella muerte que pronto se la llevaría. De estar en su lugar seguro lo llevaría peor. Ella tenía una fortaleza diferente a la de él, le nacía de dentro. Muy seguro ya nació con ella.

-No quiero para ti una mujer interesada. Todos quienes conocemos a Anita pensamos que es una buena mujer. Es guapa, aunque no sabe sacarse partido, pero ya aprenderá con el tiempo.

-Manolita, volvemos a lo mismo, ella ya está casada. ¿Lo has olvidado?

-No lo he olvidado. No me preguntes el porqué, pero se que ella será la nueva dueña de esta casa. La prefiero a ella, que a una buscona que sólo le interese cuánto tengas.

-Anda, mujer, dejemos el tema y descansa.

-Ya tendré tiempo cuando me vaya.

-No pienso casarme.

-Y tanto que lo harás. No quiero estar revolviéndome en la tumba pensando que eres un desgraciado, tú ya me entiendes...

-¿Qué haremos con José? -preguntó demasiado fuerte.

-Llámame loca si quieres, pero se que él no será ningún problema. 
La tos de ella hizo acabar la conversación.
Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 27 de agosto de 2014

CERRADO TEMPORALMENTE

Imagen de internet


Por no poder atenderlo.
Estamos pintando en casa, ya sabéis lo engorroso que es, después limpiar, ordenar, etc, etc.
Dejo la historia a medias, mientras tanto le daré vueltas al coco para continuarla...
Gracias a todos, besos.

jueves, 21 de agosto de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 21

Antes de entrar en la casa, don Federico escuchó toser bruscamente a su mujer. Entró rápidamente dirigiéndose a la habitación. Se la encontró sentada en la cama y con el rostro rojísimo. El golpe de tos la había dejado en aquellas pésimas condiciones.
-¿Estás mejor? -lo preguntó con sumo cariño y preocupación.

-Lo estoy. No te preocupes, ya se me ha pasado.

El hombre se sentó en la silla dónde había estado sentada Anita. Se la imaginó allí y su mente empezó a imaginar. Cuando de pronto la voz de su mujer lo sobresaltó sacándolo de golpe de aquella especie de ensoñamiento.

-Pronto me voy a marchar a ese lugar del que no se vuelve. -Sentía miedo, claro que si. Pero al no poder hacer nada le salía su lado sarcástico.

-No digas esas cosas, mujer. Ya sabes que no me gustan.

-Hay que ser realistas. Te voy a decir una cosa y no quiero que me taches de loca o algo así. Es referente a Anita. 

-El hombre percibió una especie de calor por el rostro. Se sintió cómo avergonzado, al haber tenido en el pensamiento a aquella mujer que le intrigaba y atraía poderosamente.
-¿Anita? 

-Si, ella. Me gustaría que fuese tu nueva mujer. Cuando yo falte.

-Dices unas cosas... Ella tiene a José, su marido.

-Ya lo se, no soy tonta. ¿Me crees tonta?

-No, mujer. Pero parece que hablas muy alegremente.

-La culpa la tiene esa que me acecha.

La miró no comprendiendo.

-La muerte, esa que quiere llevarme. Dejemos de perder el tiempo ¿quieres? A lo que vamos...
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 6 de agosto de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 19

-Anita, puedes sentarte -le señaló una silla, que estaba situada al lado de la cama, pero a una distancia prudencial.

-Gracias, doña Manolita.

-Te agradezco mucho tu visita. Se a lo que has venido, así que me ahorraré hacer un papel innecesario. ¿No crees?

-Lo que usted diga, doña Manolita.

-Puedes llamarme por mi nombre a secas. Te confieso no me disgusta que me llamen con tanta ceremonia, pero lo considero innecesario tratándose de ti, una mujer que a partir de ahora si tú quieres me cuidarás.

-Pero me sentiría violenta. Para mi sería como una falta de respeto.

-Pues entonces con llamarme de usted asunto concluido. ¿Está bien así?

-Lo está. Gracias.

-Estoy enferma, no creo que dure mucho tiempo. -A pesar de hacerse la fuerte, aquellas palabras dichas por su boca  la estaban afectando profundamente.

-¡Dios no lo quiera! -dijo muy afligida la joven mujer.

-Anita, me gustaría que fueras tú quien me cuidase. Mi marido se porta bien conmigo, no tengo ninguna queja, sino todo lo contrario. Pero me gustaría descargarle de lo que considera su responsabilidad. No te sientas obligada...

-No me lo siento. La cuidaré encantada. Usted dirá en que puedo ayudarla.

Don Federico escuchaba desde el pasillo. Una medio sonrisa quiso brotar de sus labios, aunque no lo consiguió del todo.
Con cuidado y sin hacer ningún ruido salió a la calle. Sus pasos los dirigió a sus tierras, dónde José estaba ordenando la barraca dónde guardaban las herramientas o aparejos de trabajo.
ESTA ES LA PARTE QUÉ FALTABA...
Autora Verónica O.M.

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 20


Anita todavía estuvo un buen rato hablando con doña Manolita. Antes de irse, le colocó bien los almohadones para que se sintiese lo más cómoda posible.
-¿Necesita algo antes de que me vaya?

-Nada, Anita. Puedes marchar.

-Hasta mañana entonces.

Salió a la calle dejando entornada la puerta de entrada. En aquel lugar nadie entraba a hogar ajeno sino era invitado o pedido permiso.
Amigo el perro la estaba esperando. Echó a andar al paso de su dueña.

-Has esperado un buen rato -le dijo.

Amigo levantó sus orejas y movió el rabo. La había comprendido a la perfección.

Llegaron a la casa. Y buscó la llave en su escondrijo. Al momento ya estaban dentro, el perro se echó en un rincón. 
La tarde pasó casi sin sentirla, entretenida en las labores que debía realizar antes de que llegase su esposo.
Una vez terminado su trabajo se sentó a descansar. El perro se echó a sus pies, aunque momentos antes parecía dormitar. Ella le acarició el lomo.

Sintió frío. Echó carbón en la vieja estufa arrimándose ambos a su calor. Cuando llegó José así se los encontró.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 5 de agosto de 2014

ERROR

Llevo días pensando en que algo no me cuadra...
Se trata de Hasta que tú te vayas, creo haber comentado que había publicado algunos capítulos en otro de mis blogs, y de allí los pasaba a este http://tempestadenelcorazon.blogspot.com.es
¡ME HE SALTADO UN CAPÍTULO! por suerte al final (me tiraría de los pelos)
Así que lo voy a arreglar (pondré los dos juntos)
Pido disculpas por ese error, si puedo mañana, publicaré...

sábado, 2 de agosto de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 19

Anita todavía estuvo un buen rato hablando con doña Manolita. Antes de irse, le colocó bien los almohadones para que se sintiese lo más cómoda posible.
-¿Necesita algo antes de que me vaya?

-Nada, Anita. Puedes marchar.

-Hasta mañana entonces.

Salió a la calle dejando entornada la puerta de entrada. En aquel lugar nadie entraba a hogar ajeno sino era invitado o pedido permiso.
Amigo el perro la estaba esperando. Echó a andar al paso de su dueña.

-Has esperado un buen rato -le dijo.

Amigo levantó sus orejas y movió el rabo. La había comprendido a la perfección.

Llegaron a la casa. Y buscó la llave en su escondrijo. Al momento ya estaban dentro, el perro se echó en un rincón. 
La tarde pasó casi sin sentirla, entretenida en las labores que debía realizar antes de que llegase su esposo.
Una vez terminado su trabajo se sentó a descansar. El perro se echó a sus pies, aunque momentos antes parecía dormitar. Ella le acarició el lomo.

Sintió frío. Echó carbón en la vieja estufa arrimándose ambos a su calor. Cuando llegó José así se los encontró.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 1 de agosto de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 18
Anita llegó a la casa... 
-Esperame aquí -dijo al perro.
Iba a llamar con el picaporte, pero se dio cuenta que la puerta estaba entornada.
-¡Doña Manolita! -Llamó.

-Puedes pasar, Anita.

Entró en la casa. Nada más poner un pie en ella, percibió un gran frío, que le recorrió la columna vertebral. Parecía cómo si la enfermedad de su dueña se hubiera apoderado de aquel hogar. Estuvo tentada de marchar corriendo, pero no lo hizo. Su intuición no la dejó hacerlo...

-¡Aquí, al fondo! -escuchó decir a la mujer.

Sus pasos se dirigieron hacía allí. La puerta del cuarto no estaba del todo cerrada. Momentos antes había salido de allí don Federico que todavía no se había ido. Pero eso ninguna de las dos lo sabía.
El hombre andaba por el primer piso. Cuando la voz de Anita lo sorprendió. Y quedó atento a lo que allí acontecía, queriendo pasar totalmente desapercibido.

-Con su permiso...

-Pasa, mujer.

Doña Manolita descansaba en la cama. Su cabeza y cabellos largos reposaban en un abultado almohadón, su tez era como blanca porcelana. Se la veía tan frágil que asustaba...
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 20 de julio de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 17


Cómo cada día, Anita se disponía a llevar la comida a su marido. Escondió la llave dónde siempre. Amigo salió tras ella.
-¿Hoy me acompañas? Me parece extraño, pero vamos.

Al poquito ya habían llegado, José les vio acercarse y salió a recibirles. Dio un beso en los labios a Anita, al perro le acarició el lomo. Al parecer, don Federico se había escapado un momento a su casa, a vigilar que su esposa estuviese lo mejor posible. En un principio, José estuvo tentado de no comentar a Anita la conversación que había tenido con su patrón, pero tarde o temprano debería hacerlo, si quería seguir ganándose el sustento en las tierras de él. No le quedó otra...
-Anita, don Federico me ha pedido algo que tiene que ver contigo.

¿Conmigo? -lo miró interrogante esperando que hablase sobre ello.

-Se trata de doña Manolita. Necesita a alguien que la cuide y han pensado en ti. ¿Qué te parece?

La mujer le observó el rostro. Sabía que aquello no le gustaba. Sólo había que mirarle el ceño fruncido, signo más que evidente. -¿Y tu que piensas? -Preguntó ella.

-Si te digo la verdad, no me gusta. Pero hay cosas que no estamos en condiciones de elegir. -Su tono no era aquel que habitualmente tenía. Era mucho más serio y tajante.

-Si no quieres...

-Tú mismo lo has dicho, no podemos... Ahora me acercaré. A la noche te cuento.


Anita y el perro marcharon. Los observó unos momentos.  Y antes de volver a sus quehaceres pensó en voz alta. -Los pobres no tenemos elección. ¡Hay que joderse!

Autora Verónica O.M.
Continuará

jueves, 26 de junio de 2014


 HASTA QUE TÚ TE VAYAS 16

Don Federico hizo el camino de regreso cabizbajo y pensativo. Tardó en entrar en su casa. Al hacerlo, se dirigió hacia la habitación matrimonial dónde su mujer permanecía dormida. Su respiración era agitada, pero era tal su cansancio que no se había dado cuenta de la presencia de él.  Se sentó en la mecedora de ella mirándola fijamente. Lo hacía casi sin pestañear. Era tanto su sufrimiento que sería incapaz de expresarlo con palabras. Se hubiese cambiado mil veces por ella, un ser tan especial y maravilloso bajo su punto de vista y que no merecía aquello.
Al rato se acostó a su lado y en el filo de la cama. Manolita empezó a toser y le acercó un vaso con agua.
Se la dejó beber. -¿Estás bien?

-Si. No te preocupes por mi.

-Mujer, no digas tonterías. ¿Por quien debería preocuparme? -preguntó con ronca voz.

-Por ti. Llevas un tiempo que solo vives para mi.  Si te soy sincera no me gusta. Yo soy la enferma, y no quiero arrastrarte a ti también. Quiero pedirte algo.

-¿Qué es? Dalo por hecho.

-Me gustaría, que contrataras a alguien para cuidarme unas horas, así podrías descansar de tanta obligación como te has echado conmigo.

-Está bien, mujer. ¿En quien has pensado?

-En Anita.

Al escuchar aquel nombre sintió su rostro encendido, y no entendió el porqué de ello.
Esta fue la conversación que mantuvieron el día anterior. Ahora esperaba con ansia la contestación de Anita. Suponía que José ya se lo habría dicho.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 17 de junio de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 15
Mientras permanecía en vela, Anita dormía sin ser consciente de que su marido tenía los ojos como platos, siéndole imposible dormirse de nuevo. 

Horas después y ya en su trabajo...
Aquella mañana José llevaba unas ojeras que le llegaban al suelo. A don Federico aquel detalle no le había pasado desapercibido. No entendía lo que en aquel matrimonio sucedía, pero era más que evidente de que allí algo pasaba. El tampoco llevaba buena cara. La madrugada la había pasado preocupado por su mujer, que de vez en cuando se despertaba con sus golpes de tos, haciendo imposible el descanso nocturno a ninguno de los dos.

-Te noto cansado. ¿Puedo saber el porqué?

El hombre no se esperaba aquella pregunta, y contarle el porqué de ello no le apetecía, además pensaba que a su patrón no le interesaba. Así que intentó justificarse.  -No he pasado buena noche. Me dolía una muela a rabiar. 

-Ya decía yo que hacías mala cara -Pero no le creyó.

-También yo he pasado mala noche. Manolita que me tiene muy preocupado. Y ahora que la menciono... Ayer hablamos de poner una mujer para cuidarla, bueno más bien lo propuso ella. No se si a tu mujer podría interesarle el trabajo. ¿Qué dices?

-Se lo preguntaré después. Cuando me traiga la comida.

-Está bien. Le estaríamos muy agradecidos los dos. Aunque no quiero que se sienta obligada.

Cada uno fue a sus quehaceres. Don Federico esperaba aquella contestación con ansia. Pero a José aquella idea no le gustaba en absoluto.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 13 de junio de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 13
Bonita imagen de internet
novela escrita por mi

Anita se sentó encima de la hierba. Al hacerlo su cuerpo percibió la humedad de la misma, y como un resorte se levantó. Tenía el cuerpo aterido de frío.

Federico seguía todos sus movimientos, no entendía lo que ella hacía en aquel lugar.

José ya se había percatado de su ausencia, al estirar un brazo y encontrar su sitio vacío. Se puso la chaqueta encima de su pijama, pero antes de salir se dirigió hacia el perro.
-¡Hoy no me avisaste! -con el semblante serio, se dirigió hacia dónde sabía que su mujer estaba.

Ella venía de vuelta para casa, y lo hacía como siempre dormida. José pudo apreciar el movimiento de unos matorrales, y pensó que sería algún conejo campero.

Pero era obra de don Federico al quererse ocultar tras ellos. Percibía que allí pasaba algo extraordinario. Se lo confirmó el detalle de ver al hombre poner por encima de los hombros de ella su chaqueta. La mujer parecía no verlo.
A una distancia prudencial y en medio de la noche también se fue a su casa. Aquellos momentos en el río le habían distraido de su sufrimiento.
(14)

Al abrir la puerta Amigo salió a recibirles. Sus ojos miraban hacia el suelo sin atreverse a levantar la cabeza.

José llevaba del brazo a su mujer, y con sumo cuidado la depositó en la cama. Ni siquiera se despertó.
Ya no se acostó. Se sentó en una silla. Amigo lo hizo a sus pies. El hombre nada dijo, pero todavía estaba molesto con el perro, por no haberle advertido de que Anita se había levantado e ido. Aunque seguro se le pasaría pronto al no ser rencoroso.
Cruzó sus manos encima de la mesa y apoyó la cabeza encima. Al poco su respiración sonaba diferente. Se había quedado dormido. Se despertó cuando Anita se levantó.

-¿Cuando te has levantado?

-Hace poco. No tenía sueño y para no molestarte...

-Siempre pensando en los demás más que en ti.

-Solo estamos tu, yo y Amigo.

Aquella respuesta la hizo entristecer. Seguro que José ni se dio cuenta de ello.
-Daría mi vida por darte un hijo. ¿Lo sabes?

-Claro que lo se. No quiero que pienses en eso. Si Dios quiere vendrá uno o los que Él quiera.

La mujer le besó en los labios. El hombre la apretó entre sus brazos.
Autora Verónica O.M.
Continuará
OS DESEO UN BUEN FIN DE SEMANA 

sábado, 7 de junio de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS (12)


Se marcharon a la cama. José estaba cansado de su dura jornada, pero aún así le propuso a su mujer tener intimidad. Ella aceptó de buena gana. Se sentía feliz con aquel contacto, pero también sentía el deseo de ser madre, aunque aquello por el momento no era posible. Al rato ya estaban los dos durmiendo. 

Amigo lo hacía también  en el suelo encima de una mantita de color pardusca. El perro se despertó cuando Anita se levantó de la cama dormida, pero esta vez se quedó quieto como si nada extraordinario hubiese pasado.

La mujer abrió la puerta y salió al exterior dirigiéndose hacia el río. 

Alguien la vio desde lejos. No era habitual que una mujer andara sola en plena madrugada. 

Se escondió detrás de un árbol. El hombre no era otro que don Federico. Cuando su mujer se repuso de su ataque de tos, quedó agotada sin fuerza alguna y se durmió. 
El hombre aprovechó para dar un paseo por el río para relajar sus nervios y pena. Por aquel motivo estaba allí. 
Observó a la mujer y confirmó sus sospechas. Aquella era Anita la mujer de José. Y se preguntó que haría la mujer sola en aquel lugar
Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 24 de mayo de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS (11)



Mientras en casa de don Federico. -Manolita, no me gusta que me llamen don Federico. ¿A ti te gusta que te lo llamen?

-¿Don Federico? ¡Claro que no!

-¡Mujer, eres tremenda! Me refiero ¿que si te agrada que te llamen doña Manolita?
Bonita imagen de internet
novela escrita por mi

-Me gusta. Pero no me mal interpretes. Ya sabes que soy una mujer sencilla, pero cuando me lo llaman me hacen sentir bien. A mi madre se lo llamaban también. Me acostumbré a escucharlo en boca de otras personas. Por ese motivo me gusta.

-Pues a mi, si te soy sincero no me gusta nada. Vengo de familia humilde. Ese don me pesa demasiado.

-Federico. Cuando yo no esté no quiero bajo ningún concepto que me guardes luto eterno. Me revolvería en la tumba sabiendo que no eras feliz. Ven a mi lado y prométeme algo.

El hombre se acercó a la cama matrimonial. Se sentó en un filo de la misma. Pasó su mano derecha por el pelo rubio que estaba desparramado encima de la blanca almohada. -¿Que quieres hacerme prometer?

-Cuando yo falte, te pido por favor que busques a una mujer acorde a ti. No eres hombre para estar solo.

-Mujer. ¿No sabes hablar de otros temas? Ya sabes que no me gusta oírte decir estas cosas.

-Tendrás que escucharme. No me queda demasiado tiempo y quiero dejar las cosas amarradas. ¿Me lo prometes?

Al hombre aquellas palabras le hicieron daño viniendo de boca de la mujer a la que tanto quería. Y se preguntaba como ella era capaz de hablar así.

-¿Me lo prometes? -Aquella pregunta salió de su boca en un tono casi imperceptible. Al momento Manolita tosía de forma exagerada. Los dos sabían que sus días estaban contados.
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 12 de mayo de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS (10)
Anita escuchó a Amigo y abrió la puerta. -¡Como sigas así tendré que amarrarte!

El perro entró en la casa agachando la cabeza. Se quedó en un rincón. No quería que su dueña se enfadase más de lo que ya estaba.

Nada más le dijo, pero ya no le hizo ningún caso. 
Al rato llegó José del trabajo. Le dio la bienvenida con un beso en los labios. Amigo ni siquiera se le arrimó.

-¿Qué le pasa a Amigo? -Preguntó a su mujer.

-Le he reñido porque siempre está callejeando.

-Pero mujer solo es un perro.

-¿Y que?

-Pues que hace lo que hacen todos. ¡Ay Anita! si fueras perra te gustaría tenerlo detrás de ti.

-Contigo no se puede, en fin...

-¿Que vamos a cenar?

-Cuando te sientes a la mesa ya lo verás.

-Me he dado cuenta de que hueles muy bien. ¿Qué te has puesto en la cara?

-Nada. -Y se puso a preparar la cena.

Cuando José apareció de nuevo, ya limpio, la mesa ya estaba preparada. Los alimentos eran una gran tortilla de patatas y un trozo de queso. 
Se dispusieron a cenar...
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 4 de mayo de 2014

sábado, 3 de mayo de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS (9)


Comió y se tomó la novena parte de aquello. -¡Ahora a esperar los resultados!
Dedicó la tarde a los quehaceres diarios. Después calentó agua y la vertió en un gran barreño de zinc, cogió su pastilla de jabón de rosas y una gran toalla para secarse. Se lavó. Pero había escuchado por ahí que no había que recrearse en las partes íntimas, y como si estuviese pecando apartó sus manos de allí rápidamente. Ya secada, se vistió de nuevo y se echó por los hombros una toquilla limpia y de color crudo.

Abrió aquella pequeña lata y olfateó su contenido. -¡Huele muy bien! -Extendió un poco por el rostro. Resbalaban sus dedos por el mismo, pero al rato aquella sensación desapareció.
-Lo esconderé. No vaya a ser que a José no le guste.
Lo guardó, en el armario de su cuarto detrás de algunas prendas de cama. Allí pasaría totalmente desapercibido.

El perro no estaba por allí. Seguro que estaría merodeando por el barrio para camelarse a alguna perrita en celo.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 8 de abril de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS (8)

Anita subió a ver a María, ya que quería agradecerle lo bien que ya se encontraba. -¡Buen día!

María andaba por allí dentro. -Anita, ahora salgo. -Al momento salió secándose las manos en un trapo. -Buen día, Anita. ¡Qué guapa te veo hoy!

-Gracias, María. Vine a decirte "que aquello" me fue bien, mi garganta ya está curada. También te diré "que lo otro" hoy después de comer me tomaré la última parte.

-Me alegra saberlo. Aunque eso ya sabía que ocurriría pronto.

-María ¿te puedo hacer una pregunta?

-Claro que si.

-Eso de las partes ¿para que es?

-Para fortalecerte. 

-¿El qué?

-Lo sabrás pronto, un poquito de paciencia... Ah, por cierto me has cogido preparando algo que te vendría muy bien.

-¿Qué es?

-Entra y lo verás.

Las dos mujeres entraron en otra estancia de la casa. Encima de una mesa, habían unas pequeñas latas con algo en su interior y que despedía un buenísimo olor.

La mujer cogió una y la tapó. -Toma, esta es para ti. 

-¿Qué es, María?

-Algo que irá muy bien a tu delicada piel. Cuando te laves la cara, te pones un poquito en ella y la extiendes bien, ya verás que piel más luminosa te queda. 

-¿Qué cuesta?

-Para ti nada, es un regalo. ¿Ves todas esas?

-Si ¿para quien son?

-Para ponerlas a la venta. Mira si tengo fe en ellas, que me temo me he quedado corta preparando. 

Al rato se despidieron...

Anita al bajar compraría el pan y llevaría la comida a José.
Autora Verónica O.M.

Continuará

martes, 1 de abril de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS (7)


José acababa de marchar a su trabajo. Ella lo despidió. Amigo intentó escaparse pero ella lo impidió.
-Ni se te ocurra marcharte que tengo que lavarte. ¡Ayer llegaste hecho unos zorros!

El perro pareció entenderla y agachó la cabeza. No le gustaba mucho cuando lo frotaba con un cepillo. Si pudiera hablar le diría -¡con más delicadeza!

Lo metió en el lavadero, y lo frotó con un cepillo y una pastilla de jabón casero. -Te lo aguanto, porque eres un perro que si no te iba a espabilar.

De vez en cuando gruñía. Pero ni caso le hacía. Una vez lavado lo bajó del lavadero. 

El perro se sacudió el agua, y al momento ya había desaparecido de su vista. -De ahora en adelante me ensuciaré menos, me va a sacar la piel a tiras.

Y fueron pasando los días muy despacio. Anita ya se encontraba del todo bien, lo que tomó había sido como mano de santo. Estaba mucho más tranquila, y no había vuelto a salir dormida en medio de la noche.

Amigo echado en el suelo vigilaba cualquier movimiento.
Autora Verónica O.M.
Continuará

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