miércoles, 27 de agosto de 2025

Otros tiempos capítulo n°41

 Los días parecían eternos y en realidad pasaban rápidamente.

Le dejó la comida a José y que andaba cerca de la alambrada.

Antes había ido a comprar el pan a la tienda de Juan. Siempre tan atento y que le dió recuerdos para José. 

Anita se los dió de su parte y José sonrió. 

—Qué tengas un buen día, Anita.

—Tú también.

Y se encaminó a la casa, esperando que el día fuese tranquilo. 

Antes de empujar la puerta de entrada, escuchó voces altas y decidió quedarse  afuera. Y pudo escuchar como Don Federico se encaraba con su mujer y de forma vergonzante.

—No sé qué te has creído que eres, Manolita? Si solamente sabes dar pena, pero a mi no me la das. Me tienes harto, muy harto.

—Si tan harto estás, vete. Quererme... ni por asomo. Así que cuando gustes, coje tus cosas y no vuelvas. Te recuerdo que todo es mío. Me lo dejaron mis padres.

El hombre la miraba con furia. Sabía que era verdad. Pero no iba a ser tan bobo de perderlo todo.

Cerró la puerta de la habitación de un golpe seco. Y subió las escaleras haciendo demasiado ruido.

Anita decidió entrar y se dirigió al cuarto dónde con anterioridad se sintieron aquellas voces.

—Puedo pasar, doña Manolita?

—Pasa, Anita.

Las mujeres se miraron. Y Doña Manolita con voz sumamente bajita le dijo: 

—Después hablamos. 

Continuará 

Autora Verónica O.M. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Otros tiempos capítulo n°40

 El ruido de la llave girando...

Alertó a Amigo. El perro se puso al lado de la puerta para recibirlo.

—Qué hay, Amigo. —Dijo con aprecio.

Y con la mirada, agradecía aquel gesto. 

Era un perro, si, pero quien sería el-la osad@ de pensar que no tenía sentimientos. Si ellos son puro amor. 

—Anita, ya llegué. Y dirigió sus pasos hacia la cocina.

La mujer se secó las manos. Y se dieron un beso en los labios. 

—Voy a adecentarme mientras pones la mesa.

Al rato, poco, salió oliendo a limpio. Anita lo miró y pensó que dados los tiempos... había tenido mucha suerte encontrando en su camino a José. De no haber sido por él, su vida hubiera sido bien distinta. 

Cenaron en silencio.

Anita hubiese querido decirle lo que la preocupaba, pero se contuvo y nada dijo. 

—Y pensó. —Otro día será.

El día había finalizado y tocaba descansar. 

José se durmió enseguida.

Pero Anita permaneció despierta hasta altas horas. 

Otro día más. 

Autora Verónica O.M.