domingo, 31 de mayo de 2026

Otros tiempos capítulo n°48

 Por allí... no había nada que tuviese cierta altura para poder encaramarse y acceder a la ventana.

Y se le ocurrió que dónde vivieron los padres de doña Manolita pudiera encontrar algo que le sirviese de ayuda para ello. 

A poca distancia... la casa se alzaba majestuosa. Y seguramente hacia tiempo que nadie entraba en ella. 

Quizá fué una ilusión, pero pareció recibirla. Y sintió que si, que debía aceptar la propuesta de que se instalaran allí. 

—Bendita, Doña Manolita!! 

Tuvo que restregarse los ojos para volver a su normalidad. 

Buscó por los alrededores, y en la parte de atrás de la casa encontró una silla oxidada. 

—Me servirá. Mi peso no es demasiado. 

La cogió y volvió. 

—Doña Manolita —llamó.  —Encontré una silla. 

—No te hagas daño. Jamás me lo perdonaría. 

Se subió en la silla y pudo alcanzar el alféizar de la ventana. Y no tuvo que romper el cristal porque no estaba cerrada y si, entornada. 

Y fué directamente al cuarto de doña Manolita. 

La mujer la esperaba con ansia. 

—Qué bien que no te hiciste daño!! 

Queda muy poco para finalizarla. Gracias si me lees. 

Autora Verónica O.M. 

sábado, 28 de febrero de 2026

Otros tiempos capítulo n°47

 Quiso entrar a la casa y se la encontró con la llave echada.
¿Qué podía hacer, si Doña Manolita no podría levantarse para abrirle? 
Anita, fue a la parte de atrás de la casa y Amigo fue tras ella. Pensó... que quizá la ventana de la cocina no estuviese cerrada del todo. Y por allí con un poco de maña acceder al interior. 

—¡Doña Manolita! —dijo en voz alta. —No se asuste. Voy a intentar entrar.

La mujer la había escuchado y sólo fue capaz de pronunciar: —Anita, no te hagas daño.
Y en silencio agradeció al Cielo, el buen corazón de aquel Ángel que intentaba hacer: lo correcto.
De momento aquí lo dejo. 
Autora Verónica O.M.
Buen fin de semana🍀

domingo, 1 de febrero de 2026

Otros tiempos capítulo n°46

 Besó a su mujer y quedó a su lado...

Anita se extrañó y mirándolo fijamente le preguntó:

—Me quieres decir algo, José?

El marido no sabía si haría bien o mal contándole... 

—Don Federico ha dejado sola en la casa a su mujer. —Trago saliva para seguir con aquella incipiente conversación. —Me dieron ganas de agarrarlo por el pescuezo. Pero ya me conoces, Anita. Mis padres me enseñaron a obedecer y callar cuándo son otros los que pagan por nuestro trabajo.

El semblante de Anita se tornó serio y preocupado. 

—Y ahora qué hacemos? No podemos dejarla sola. Amigo me acompañará y nos quedaremos con ella por esta noche. Sírvete la cena. Nosotros nos vamos. Ah, mañana hablaremos de una propuesta que nos ha ofrecido doña Manolita. 

—Os acompaño. 

—No, José. Cena, lávate y descansa. Y le dio un beso de buenas noches. 

Y cogió lo necesario para pasar la noche fuera de casa. 

El camino apenas iluminado... 

Pero una hermosa y brillante luna parecia ir con ellos también.

Otro día más. 

Autora Verónica O.M.