ESTOS SON LOS PERSONAJES DE HASTA QUE TÚ TE VAYAS

A medida, de que vayan apareciendo nuevos personajes los iré agregando para que la novela sea mucho más fácil de leer.
José es el marido de Anita
Anita es la mujer de José
Amigo es el perro de ambos
María es una curandera querida por todos
Juan es el panadero, hombre muy afable
Don Federico es el patrón de José y marido de Doña Manolita
Doña Manolita es la mujer de Don Federico, está enferma de gravedad

miércoles, 6 de abril de 2016

SUEÑA...

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Vive en su mundo de sueños
dónde las cosas son bellas,
quiere cerrar los ojos
a la triste realidad.
Sueña que es una hada buena,
que con  su varita mágica puede
arreglar todos los problemas.
No  quiere enterarse
de esa cruda verdad,
dónde algunos dirigen
esa pésima orquesta,
que lleva a las gentes
a la miseria, sin importarles
"quien o no cae"
Verónica O.M.



viernes, 23 de octubre de 2015

DESNUDA...

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Desnuda ante la vida
sin nada que me proteja
siendo tan vulnerable
que me cuesta 
cualquier acción
que intento realizar.
¿Porqué me pasa?
¿Tan poco valgo?
La depresión 
ya he hecho mella
y no hay nada
que me saque
de este pozo inmundo
que intenta tragarme.
Verónica O.M.

lunes, 19 de octubre de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 46

CONTINUAMOS...

No lejos de la casa don Federico se lamentaba de su mala pata. Estaba aterido de frío. Sus dientes castañeaban involuntariamente. Dentro de él una voz le martilleaba el cerebro. 
-Tú eres el único culpable. Tú y sólo tú. Debiste ser más respetuoso. Ahora no te lamentes. Eres un ser despreciable. 
La voz de su conciencia no le dejó en paz en aquellas horas interminables que había pasado a solas. De buena gana la hubiera acallado. Pero sabía que ella era la única que tenía tal libertad.
Dentro de él algo había cambiado y aunque no era del todo consciente no tardaría en comprenderlo.
Mientras tanto José y Anita lo buscaban con preocupación.
Aunque la mujer lo hacía tan sólo por doña Manolita.
-Aquella señora no se merecía tanto dolor -pensaba.
Buscaron por todas partes y nada... 
Anita se dirigió hacia la casa para ver si doña Manolita la necesitaba. Y lo hizo por la parte de atrás. Iba a entrar en ella cuándo le pareció escuchar algo. Puso atención y juraría que alguien al parecer estaba pidiendo ayuda.
-Aquí, aquí estoy. Me he roto una pierna -se lamentó el hombre.
Continuará...
Autora Verónica O.M.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

TODO PASARÁ microrrelato

Precioso gif de internet
-Todo pasará -me digo. Pero una lágrima baja hasta la comisura de mi boca y me deja un regusto amargo. Pienso tantas cosas que me asustan...
Verónica O.M.

No me he olvidado de vosotr@s y se que tengo escritos por terminar.
Mil perdones y espero continuarlos en breve.

domingo, 14 de junio de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 45

Mientras la mujer ingería los alimentos...
Anita la hablaba con calma, quería transmitir con ese hecho una serenidad que estaba muy lejos de sentir. La mujer se lo agradecía profundamente, aunque de su boca no salió ningún sonido que lo certificara.
Una vez acabado el desayuno, le ahuecó los almohadones para que estuviese lo más cómoda posible.
-¿Necesitas algo antes de que vaya a ver...?
-No. Ve, Anita. Estoy con los nervios sobresaltados.
-No intentes levantarte. Estaré pronto de vuelta. -No estaba demasiado convencida, pero algo debía decir para tranquilizarla.
Salio dejando la puerta entornada.
Caminó hacia las tierras de don Federico. Allí estaba José muy atareado. El hombre no entendía cómo a aquellas horas su patrón no había aparecido por allí.
-¡José! - gritó.
La voz de su mujer la sobresaltó de sus pensamientos. Para nada aquellos lo entretenían de su labor diaria.
Se acercó hacia dónde ella esperaba. 
-¡Don Federico no apareció anoche por su casa! -por la de ellos si. Salió huyendo con los ladridos de Amigo.
-Debemos buscarle. Algo malo le debe haber sucedido.
Autora Verónica O.M.

miércoles, 6 de mayo de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 44

Continuamos...

Las mujeres se despidieron. 

Anita ya mucho más tranquila. Parecía mentira la fuerza y confianza que algunas personas cómo María eran capaz de transmitir.
Tardó poco en llegar a la casa de don Federico y doña Manolita. Las piernas le temblaban un poco pero no se achicó y entró.
-Manolita. Ya he llegado. -Nadie contestó. Aquello no le dio buena espina, pero intentó calmarse diciéndose que quizás la mujer en aquellos momentos durmiese. 
Fue hacia el dormitorio y lo que se encontró para nada se lo esperaba. La mujer yacía en el suelo y al parecer estaba inconsciente. 
Se arrodilló e intentó reanimarla, golpeándole ambos lados de la cara con unas palmaditas y llamándola.
Poco a poco algo de color asomó a su mortecino rostro. Sus ojos también fueron semi abriéndose.

-¿Qué te ha pasado, Manolita? -preguntó muy preocupada.


La mujer todavía tardó en reaccionar. La buena de Anita no quiso insistir y esperaba pacientemente a que le explicase. Pero que fuese cuándo tuviese que ser y sin precipitar nada.

Y la levantó del suelo. A peso muerto le costó mucho meterla en la cama sin importarle hacerlo. Aquella mujer la necesitaba. Era tan poquita cosa y vulnerable...

-Me levanté porque mi Federico no regresó a casa. -Dijo la mujer llorando.


-¿Estás sola desde que me fui?


-Si. -Contestó y de nuevo se echó a llorar. 


Anita abrió un cajón de la cómoda y sacó un pequeño pañuelo y le secó las lágrimas.

-Te voy a dar el desayuno y después iré a ver lo que ha sucedido.

La mujer asintió con la cabeza. Por suerte Anita ya estaba allí...

Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 11 de abril de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 43

-¿Qué sucede, Anita? -preguntó María. La mujer intuía que era algo importante. 

La cara de Anita hablaba por si misma. Entrecortadamente le contó todo secándose las lágrimas en dos ocasiones.

-No creas que es mala persona. -Dijo convencida. -Se le está haciendo cuesta arriba la enfermedad de su mujer y no es para menos. Lleva así demasiado tiempo viéndola consumirse cómo un triste pajarillo. Te voy a confensar algo que nunca he dicho a nadie, a ti te lo cuento porque se que eres persona de fiar.

Los ojos de Anita se abrieron más de lo normal interesada en escuchar aquello que la mujer al parecer le iba a contar. -Te escucho si quieres contarme. Agradezco la confianza que me tienes.

-Cuándo Manolita cayó enferma su marido vino a pedirme consejo, se lo di, además de aconsejarle le diese a tomar algo que le iba a preparar exclusivamente para ella. Me tachó de bruja loca y se marchó hecho un energúmeno de mucho cuidado. Nuestra amistad se rompió entonces. Me entristece no poder hacer nada por ella. Federico así lo ha querido.

-Quizás yo pueda ayudarte en eso. -Dijo Anita, brindándose a ser el medio que facilitase esa ayuda a la mujer que yacía en la cama sin ninguna esperanza.

-Gracias, Anita, sabía que contigo podía contar...
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 8 de abril de 2015

Bonita imagen de internet


¿Sabías que el corazón de una persona adulta es más o menos del tamaño de un puño cerrado? (mano)

Hoy he posteado en poemas de vero y más
mañana intentaré proseguir Hasta que tú te vayas, nos vemos...

sábado, 14 de marzo de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 42

Anita subió a la pequeña tienda de María...
En realidad no sabía muy bien a lo que iba, aunque sabía que de allí saldría reconfortada. 
En aquellos momentos la mujer entraba con un cubo de zinc vacío. Había acabado de regar la puerta para asentar el polvo.
No vio a Anita llegar pero no se sobresaltó cuándo escuchó su voz dándole los buenos días.
-Buen día, María.

La mujer volvió la cara y la saludó muy amablemente. -Buen día, Anita. ¿Qué te trae por aquí? -Antes de que ella hablase la estaba invitando a entrar. -Un minuto que voy a lavarme las manos.

Anita espero a que saliese. No sabía muy bien cómo abordar el tema que tanto la preocupaba. Aunque no fue necesario ya que María ya se había dado cuenta de que algo grave le pasaba.
-¿Hablas tú o lo hago yo? -dijo con amabilidad y poniéndose en la piel de Anita. Sabía que aquella era tímida y lo que le iba a contar le costaría hacerlo.
-¿Qué te pasa? tus ojos hablan de que algo grave te sucede.

-¿Tanto se me nota? -su voz sonó quebrada y las lágrimas brotaron a borbotones mojándole el bonito rostro.

-Siéntate, te voy a traer un vaso de agua. Ahora hablaremos y te aconsejaré que debes hacer.
Al poco salió con el vaso y dentro había vertido un polvillo tranquilizante. La buena de María tenía remedio para todo.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 25 de febrero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 41

Anita no pudo pegar ojo en toda la noche, dio vueltas y vueltas en la cama, su marido se hacía el dormido. Se posicionó boca arriba, así por el rabillo del ojo no se perdía detalle.
Sabía que algo la preocupaba, de no ser así ya estaría dormida.
La vio cómo se levantaba, lo hizo con delicadeza para no despertarle. Si ella supiese...
Volvió a la cocina y entornó la puerta premeditadamente. Levantó el cubo de basura y cogió el trozo de tejido. Estaba convencida que aquel era del pantalón de don Federico, no tenía ninguna duda. Lo volvió a depositar debajo del cubo y salió de la cocina dispuesta a acostarse nuevamente.
Mientras tanto su marido permanecía acostado. Estuvo tentado de seguir sus pasos, pero no le pareció apropiado, sabía que si Anita se percataba de aquello iban a tener un serio problema.
Despiertos permanecieron toda la noche aunque ninguno lo confesaría. 
Y llegó el nuevo día y había que levantarse, aunque Amigo ya hacía rato que se paseaba por la casa. 
Al rato José salía por la puerta, más tarde lo haría Anita, pero antes debía adecentar su humilde hogar y preparar la comida que llevaría a José antes de llegarse a la casa de sus patrones.
Autora Verónica O.M.

martes, 17 de febrero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 40

Al entrar Anita en la casa lo hacía con el corazón palpitante. Amigo iba tras ella. La mujer se topó de narices con su marido, que se había despertado por los fuertes ladridos del perro.
-¿Qué ha pasado, Anita? -dijo preocupado.

-Nada. -Respondió ella. Prefería no hacerle partícipe de lo que había sucedido en la puerta. ¿Cómo podría decirle que su patrón andaba merodeando por allí? Era una situación que la incomodaba muchísimo, pero se sentía incapaz de hacerle frente. 

-Vas a coger frío, vamos para la cama. -Aquel "nada" dicho demasiado rápido no le cuadró en absoluto, pero si ella no quería contarle él no intentaría sonsacar más información. Pero estaría atento a todo lo que aconteciera a partir de ya...

La mujer llevaba escondido en su puño derecho el trozo de tejido que Amigo destrozó. -Ve tú, que ahora voy. -Fue hacía la cocina a beber agua. Aprovechó para esconder "aquello" y lo puso debajo del cubo de la basura. Por la mañana decidiría que hacer con aquel jirón de tejido.
Cuándo llegó a la cama al parecer José dormía. Eso era lo que ella pensaba, pero...
Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 7 de febrero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 39

La noche se les hizo larga a ambos, algo menos a José que fue quien sucumbió al sueño a altas horas de la madrugada. 

En la oscuridad del cuarto, Anita permanecía con los ojos cómo platos incapaz de dormirse. Estaba nerviosa e intranquila, con cuidado se levantó del catre. No quería despertar a su marido, que en aquellos momentos roncaba levemente.
Se asomó a la ventana, entre las rendijas de la persiana vislumbró la calle, no se veía nada entre aquella oscuridad. Fue hacia la cocina y desde allí repitió la operación. Al parecer todo estaba tranquilo. Se iba a retirar cuándo le pareció que algo se movía allá afuera. Sintió miedo, estuvo tentada de despertar a José pero le dio pena hacerlo.

Abrió con cuidado la puerta de entrada, cuándo se quiso dar cuenta Amigo estaba tras ella.
-¡Qué susto me has dado! 

El perro la miró y siguió hacia la calle. Una vez allí, el can fue de un sitio para otro buscando algo. Y de pronto empezó a ladrar fuertemente al descubrir que alguien escapaba de allí.

Anita no lo reconoció. Amigo si. Salió detrás de él y cuándo volvió llevaba entre sus dientes un trozo de tela basta.

Recordó que aquella coincidía con el pantalón de don Federico. De golpe su rostro palideció.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 6 de febrero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 38

Ya habían cenado y José no tardó demasiado en irse a dormir. Anita se quedó recogiéndolo todo. Y una vez acabado su trabajo se sentó en la hamaca y empezó a balancearla.
Era tal su cansancio que se durmió en un santiamén.

José en la cama era incapaz de conciliar el sueño, dio mil vueltas sin conseguirlo. Entre las rendijas de la persiana enrollable vislumbró una pequeña luz, se levantó del catre rápidamente y miró hacia la calle.
Había un hombre, con una pequeña linterna enfocando aquella diminuta luz hacia la casa. No pudo verle la cara pero su sombra le pareció conocida.
Abrió la puerta inmediatamente y la sombra ya había desaparecido.

Anita se despertó sobresaltada. -¿Qué pasa? -dijo restregándose los ojos.

-Había alguien afuera. -¡Vente a dormir! la hamaca no es sitio para hacerlo.

Anita le siguió hacia el cuarto. Y se desnudó mientras su marido la miraba. Se puso un camisón largo y cepilló su larga melena unas cuántas veces.
Al meterse en la cama puso su cabeza sobre el brazo de él. Y se dieron las buenas noches con un ligero beso en los labios.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 28 de enero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 37

A José la explicación que le dio su mujer no lo convenció del todo...
Y así se lo hizo ver. -¡A ti te pasa algo!

Al escuchar aquellas palabras, la mujer siguió a lo suyo que era preparar la cena. No quiso siquiera mirarlo para que no viese en sus ojos la posible verdad. 
-Te equivocas, José, no me pasa nada, quizás sea el cansancio de estar todo el día fuera de casa. No veas la paliza que he tenido que darme para adecentar un poco la casa de tu patrón. Pobre doña Manolita, es una bendita mujer que no creo merezca esa enfermedad que la tiene postrada en la cama siendo tan joven. -Al parecer había cogido carrerilla contando, pero no todo...

José no quiso insistir pero siguió pensando que ella algo le ocultaba. Ni por asomo podía suponer de qué se trataba.

Anita tenía la plena seguridad de que lo que le había contado no le había cuadrado, pero conociéndole cómo lo conocía sabía que no insistiría. Interiormente agradeció que fuese así, para nada le apetecía tenerle que contar algo que lo pondría de mal humor, contando que no tuviese consecuencias más graves y lamentables. Quiso tranquilizarse sin conseguirlo del todo, el cucharón se le cayó de las manos, estaba tan nerviosa que al cogerlo del suelo volvió a caérsele.
-¡Qué torpe soy! -dijo.

José la miró pero calló. Estaba seguro que ella le ocultaba algo importante. Le dolió la poca confianza, quizás algún día le contase...
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 20 de enero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 36

En la casa de Federico y Manolita esto acontecía en aquellos momentos...
El hombre había regresado de la cocina cargado con una brillante bandeja, la cual llevaba la cena que la mujer tomaría con su ayuda. Ni por asomo podía imaginar lo que al hombre le estaba costando estar frente a ella y tan cerca.

No era tonta, no, pero era tanto su amor hacia él que decidió no ver lo que no le era grato.
-Tenemos que hablar, Federico.

-¿De qué? -preguntó un tanto alterado. No empieces con tus tonterías -dijo nada tranquilo, intuyendo que de aquella conversación algo no le iba a gustar. Cómo así fue...
-Te voy a dar la cena. -No la miró al decirlo, miró hacía la ventana.

-Primero hablemos, después cenaré. Hay algo que te tengo que decir, también pedirte perdón por las tonterías que he dicho estos días. En mi defensa te diré, querido Federico, qué estoy muerta de miedo. -Unas lágrimas resbalaron a la comisura de su boca, no intentó si quiera secarlas. -Las cosas que te dije no me las tengas en cuenta. Le he pedido perdón a Anita.

-¿Perdón? ¿porqué? -sus ojos brillaron de una forma...

-Por las tonterías que dije con respecto a ella contigo.

Aquello no se lo esperaba. Trató de disimular ante su mujer, no consiguiéndolo del todo.
-No debiste hacer eso. Te voy a acomodar para darte la cena.

-Pero...

-No hay peros que valga -el hombre empezó a darle la cena. La mujer ya no insistió y se sintió mal por su poco interés.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 14 de enero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 35

Mientras don Federico maldecía a la buena de Anita...
Aquella ya había salido del recinto de la casa, se marchó cómo quien hace algo malo y quiere pasar totalmente desapercibida, nada más lejos de la realidad. El perverso era él, ella una probable víctima que de momento había escapado a sus insinuaciones, pero no siempre tendría tanta suerte.
Sabía que el problema se zanjaría si le contase a José, pero aquello y dada sus situaciones era del todo imposible, estaba segura de que perderían el trabajo. ¿De qué iban a comer? pensaba la mujer triste y desesperanzada.
Los nervios le jugaban una mala pasada...
El rostro lo llevaba encendido, no hubo forma que durante el trayecto para llegar a su humilde hogar le bajase ese color alarmante.
Cuándo entró en la casa se topó con los ojos de su marido, el hombre en lo primero que se fijó fue en su rostro. Se asustó al verla en aquellas condiciones.
-¿Estás bien? -preguntó alarmado.

-Si. -una soberana mentira, pero improvisó rápidamente para salir del paso. -He caminado rápido, tenía ganas de llegar a casa.

-No lo hagas más, podría haberte dado algo y no precisamente bueno.

-No lo haré más, te lo prometo.
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 11 de enero de 2015

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 34

Una vez finalizadas las fiestas por aquí de nuevo con el siguiente capítulo...

Don Federico cerró la puerta y parecía enfadado. Se había quedado con un palmo de narices cuándo Anita había desaparecido a sus ojos, seguramente que en un descuido. Otra vez sería más listo que ella. En eso mismo pensaba cuándo se dirigió hacía la habitación conyugal, dónde su mujer descansaba pero no dormía en aquellos momentos.

-¿Eres tú, Federico? -preguntó Manolita. Sus ojos cobraron una mayor viveza, sin ninguna duda lo quería. Deseaba contarle cómo había pasado el día, sabiéndose acompañada y cuidada por Anita. Una gran mujer.

El hombre se acercó a la cama y la besó ligeramente en los labios. Fue un visto y no visto, apartando al segundo su mirada. Huía de los sabios ojos de su mujer, lo conocía tan bien que aquello le creaba malestar a él y a su conciencia.

Manolita intuía que allí sucedía algo anormal, pero no se atrevió a decirle nada e hizo cómo si no se hubiese dado cuenta. Y pensó, claro que si... El pensamiento vuela sin querer aunque haga daño.

-Voy a preparar la cena -dijo el hombre sin mirarla.

-Ya está preparada, sólo debes calentarla. Anita muy amablemente se brindó a ello.

El hombre salió de la habitación y fue hacía la cocina. La encontró recogida y limpia, y si... Allí estaba la cena.
-¡Maldita mujer! ¿porqué no puedo apartarte ni un momento del pensamiento? -no lo dijo en voz alta pero por poco...
Autora Verónica O.M.
Continuará

El siguiente pronto, me he propuesto escribir con más continuidad, espero cumplirlo...

lunes, 29 de diciembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 33

-¿Necesitas algo antes de que me vaya? -preguntó Anita todavía conmocionada por la confesión de doña Manolita, aquello nunca lo hubiese imaginado, con mal pie había empezado su primer día en la casa.

-No, gracias. Puedes irte, ya he abusado bastante por hoy.

-¡Hasta mañana, que descanses!

Doña Manolita no contestó pero la miró agradecida.

Anita salió de la casa entornando la puerta, en aquellos tiempos era habitual dejarla así, nadie se metía en casa ajena sin pedir permiso. IGUAL QUE AHORA, CUÁNTO HEMOS PERDIDO...
A lo lejos vio a don Federico, para nada quería cruzarse con él en aquellos momentos. Y se escondió detrás de la casa, desde allí vigilaría hasta que él se metiera y cerrase la puerta. Su corazón se le aceleró sobremanera cuándo el hombre antes de entrar pareció buscar algo. Se daba cuenta que él también la vio. Ahora se estaría preguntando por dónde se fue sin ser vista.
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 8 de diciembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 32

Anita todavía andaba por la casa. Lo tenía todo recogido e inclusive había dejado la cena preparada, que don Federico tan sólo debería calentar. Se recreó mirando la de cosas bonitas que tenía aquel hogar, pero no lo hizo con envidia, cada uno estaba dónde debía.
Antes de marchar fue hacia la habitación, doña Manolita tenía los ojos cerrados y pensó que dormía. 
-Anita -dijo. -No duermo, descansaba los ojos, no se porqué ello me alivia.

-Venía a despedirme, cómo me dijiste te avisara...

-Gracias, Anita, eres una gran mujer. ¡Siéntate por favor! quiero decirte algo.

Se sentó cerca de la cama. -¿tú dirás?

-Te voy a decir algo que probablemente te pueda molestar, pero cómo no me gusta tener doble cara te lo he de decir. Estos días no han sido demasiado benévolos conmigo, y cómo tengo un miedo horrible a morir me he entretenido diciendo disparates.

-¿Disparates? ¿de que tipo? -preguntó Anita interesada en saber.

-Le dije a mi marido que cuándo muriese volviese a casarse.

-Eres muy fuerte -dijo Anita compadeciéndola.

-No lo soy en absoluto, soy todo lo contrario. Le dije debía casarse contigo.

-¿Conmigo? -preguntó demasiado fuerte. -Ya sabes que estoy casada.

-Lo se, lo se, ya te he dicho que dije muchos disparates. Te pido no lo hables con tu marido, quizás no entendiera porqué lo hice. ¿Me perdonas?

-Claro que si -aunque no lo dijo convencida. Y aunque no disculpaba el comportamiento de don Federico lo entendía, lo que no le gustó es cómo un hombre al que respetaba y apreciaba de pronto no lo mereciera.
Autora Verónica O.M.

martes, 2 de diciembre de 2014

HASTA QUE TÚ TE VAYAS 31

Una vez acabado su desayuno, Anita ayudó a doña Manolita a reposar su cabeza encima de la mullida almohada, la mujer tenía la necesidad de descansar, su tos apenas se hizo notar, quizás la presencia de la joven mujer la distraía. 
Ni por asomo pensaba que su marido había hecho aquel cambio tan radical, si se lo llegan a decir o asegurar no lo hubiese creído. Sabía, eso si, que las conversaciones que había tenido con él no habían sido demasiado normales. Esperaba que no tuviese aquello en cuenta, ya que todo era producto de ese miedo que tenía a esa muerte que la esperaba a la vuelta de la esquina. Aquellas locuras suyas la distraían del sufrimiento que ello le producía, y tenía plena confianza en el hombre con quien se casó de ello hacía muchos años.

-¿Necesitas algo más? -preguntó Anita, al hacer la pregunta el tuteo le era un poco menos difícil de usar.

-Nada más Anita, gracias.

-Voy a recoger la cocina, si me necesitas llámame. 

-Está bien. Voy a intentar descansar, lo que si te pediría es que antes de irte y aunque esté durmiendo ven y dime adiós.

-Lo haré, no te preocupes. Además tengo para un buen rato.

Fue hacia la ventana y corrió la tupida cortina, para que la habitación quedase en semipenumbra para que nada perturbase su sueño.

Y salió con la bandeja del desayuno, que depositó en el mármol de la cocina, la cual recogería inmediatamente.
Y pensaba limpiar un poco todo, a fuerza de días pensaba dejarlo todo cómo una patena.
Autora Verónica O.M.
Continuará

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