Besó a su mujer y quedó a su lado...
Anita se extrañó y mirándolo fijamente le preguntó:
—Me quieres decir algo, José?
El marido no sabía si haría bien o mal contándole...
—Don Federico ha dejado sola en la casa a su mujer. —Trago saliva para seguir con aquella incipiente conversación. —Me dieron ganas de agarrarlo por el pescuezo. Pero ya me conoces, Anita. Mis padres me enseñaron a obedecer y callar cuándo son otros los que pagan por nuestro trabajo.
El semblante de Anita se tornó serio y preocupado.
—Y ahora qué hacemos? No podemos dejarla sola. Amigo me acompañará y nos quedaremos con ella por esta noche. Sírvete la cena. Nosotros nos vamos. Ah, mañana hablaremos de una propuesta que nos ha ofrecido doña Manolita.
—Os acompaño.
—No, José. Cena, lávate y descansa. Y le dio un beso de buenas noches.
Y cogió lo necesario para pasar la noche fuera de casa.
El camino apenas iluminado...
Pero una hermosa y brillante luna parecia ir con ellos también.
Otro día más.
Autora Verónica O.M.
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