Las dos mujeres escucharon ruido en la puerta.
El rostro de Doña Manolita había adquirido un tono muy pálido. Sus ojos reflejaban miedo, si, un tremendo miedo, no por ella, si no por Anita. Cómo explicarle lo que hacía allí y tan tarde.
Para Anita nada le pasó desapercibido.
Una patada con el pie en la puerta, fué la entrada triunfal de aquel energúmeno llamado Federico.
—Don Federico? Ya no... se le había caído la careta.
Y antes de que la liase...
Otro personaje entraba en acción. No era otro que el bueno de José.
Todos se miraron... y cada un@ de ell@s pensó lo que pensó.
El energúmeno, no pudo más y los insultos salieron de su boca y tod@s recibieron.
Pero José no se quedó atrás.
Le echó en cara todo lo que le tenía guardado.
—No eres más hombre porque chilles e insultes, al contrario. A la mujer se le respeta, no se abandona cuándo más te necesita. Eso es... de poco hombre!
El otro se abalanzó y salieron a golpes.
Las mujeres chillaron.
Anita intentó intervenir, y el energúmeno de un empujón la tiró al suelo.
Doña Manolita lloraba desde su fragilidad. Y se culpó de que todo aquello se había liado por ella.
Y sin serlo, se sintió culpable.
Qué poquito queda ya para decirles adiós a estos personajes...
Autora Verónica O.M.