Por allí... no había nada, que tuviese cierta altura para poder encaramarse y acceder a la ventana.
Y se le ocurrió que dónde vivieron los padres de doña Manolita pudiera encontrar algo que le sirviese de ayuda para ello.
A poca distancia... la casa se alzaba majestuosa. Y seguramente hacia tiempo que nadie entraba en ella.
Quizá fué una ilusión, pero pareció recibirla. Y sintió que si, que debía aceptar la propuesta de que se instalaran allí.
Bendita Doña Manolita!!
Tuvo que restregarse los ojos para volver a su normalidad.
Buscó por los alrededores, y en la parte de atrás de la casa encontró una silla oxidada.
—Me servirá. Mi peso no es demasiado.
La cogió y volvió.
—Doña Manolita —llamó. —Encontré una silla.
—No te hagas daño. Jamás me lo perdonaría.
Se subió en la silla y pudo alcanzar el alféizar de la ventana. Y no tuvo que romper el cristal porque no estaba cerrada y si, entornada.
Y fué directamente al cuarto de doña Manolita.
La mujer la esperaba con ansia.
—Qué bien que no te hiciste daño!!
Queda muy poco para finalizarla. Gracias si me lees.
Autora Verónica O.M.
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