Y claro que don Federico tuvo que ver en su demora.
—Coloca la cama en esa pared — una vez colocada no le gustó. Y lo hizo cambiar al lado de dos paredes más, exceptuando la que tenía la puerta de entrada.
Siguió sin gustarle demasiado. Siempre encontrado algún pero...
Y todavía quedaba traer ropa de cama e hizo que José le acompañase a la casa. Se quedó esperando afuera. La oscuridad iba avanzando.
Al rato... manta en mano y otras cosas que necesitaba para pasar la noche. Le escuchó despotricar.
—Ahí te quedas, mujer. Ya me echarás de menos y me pedirás perdón. Y se rió con ganas.
José nada dijo. Y si su patrón hubiese visto su gesto muy seguro no le hubiese gustado.
Nunca trataría a su Anita así.
Y le daba tanta pena que a la dueña de la casa y aquellas tierras tuviera de marido a aquel tipejo que no sabía valorarla.
Ya entrada la noche y agotado por el trabajo y las tonterías e imbecilidades de su patrón. Llegó a su remanso de paz.
Amigo le escuchó antes de entrar y de puro contento saltó de su mantita y lo esperó detrás de la puerta.
Otro día más.
Continuará
Autora Verónica O.M.
Eso, Vero... Un tipejo el tal Federico!
ResponderEliminarY los hay como él.
Va muy bien está novela.
Besos para ti y para 🐕
*Cuca anda como niña chiquita, explorando todo, haciéndose la muy "salvaje" jajaja. Y nosotras también, muy animadas.
Gracias Sara, me alegra te lo parezca.
EliminarY también por lo que me cuentas.
Que la vida os sonría siempre.
Besos 🌸
Don Federico que mierda de hombre. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarSi, por no tener... ni humanidad.
Eliminar:-(
Un abrazo.